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El universo surrealista de Joan Ponç (Artista catalán)
Considerado como uno de los grandes representantes de la corriente surrealista en España y también uno de los artistas catalanes más destacados tras la guerra civil española.
A finales de los años cuarenta, él y una nueva generación de artistas, filósofos y poetas, reemprendieron la actividad artística en Cataluña. Su mirada, siempre volcada sobre el interior de la existencia del ser humano y la misteriosa búsqueda de la relación entre los seres y las cosas, ha convertido a Ponç en uno de los artistas más originales y fascinantes.
Comienza su aprendizaje con el pintor Ramón Rogent y en la Academia de Artes Plásticas de Barcelona. Su constante interés por lo mágico le lleva a interesarse por el surrealismo y su relación con el mundo del psicoanálisis de Freud.
Entabla amistad con poetas como JV Foie y Joan Brossa, con quienes comparte visión artística. En esta primera etapa de la obra de Ponç se ofrecen visiones de un esquematismo primitivo en el que se mezclan los mundos interior y exterior y los seres que los habitan; figuras antropomórficas y vegetales llenan caóticamente la composición.
En '47, con veinte años, se asocia al grupo La Campana de Sant Gervasi y también ese mismo año participa junto con Foie, Brossa y Arnau Puig en la creación de la revista Algol, de la que sólo aparece un número, pero que sirve como lugar de encuentro de una nueva generación de creadores.
Un año después funda la revista y el grupo Dau al Set junto con los pintores Modest Cuixart, Antoni Tàpies y Joan Josep Tharrats, los escritores Joan Brossa y Arnau Puig, y el crítico JE Cirlot. La actividad del grupo marcará en Cataluña una etapa de renovación cultural y plástica apoyada en el pasado artístico más inmediato, truncado por la guerra civil: el surrealismo y dadaísmo de André Breton y, sobre todo, de Joan Miró.
En esta etapa la estética surrealista de Ponç se afianza en la plasmación de elementos del mundo de la imaginación y del sueño en los que aflora el subconsciente.
La figura humana adquiere mayor entidad y se desarrolla en paisajes alucinantes e irreales plagados de monstruos, de fantasmas, pero con elementos más reconocibles y cotidianos. La composición, menos caótica, mantiene el encanto maléfico y la percepción infernal tan características. Según Ponç: "Mi trabajo siempre ha girado en torno a lo mágico y, sin duda, era lo mágico la esencia de Dau al Set".
En '49 Ponç expone en las Galerías Laietanas estimulado por Gaya Nuño y J. E. Cirlot y, ese mismo año, es invitado por Eugeni D'Ors a participar en el Salón de los Once, junto con Miró, Dalí y Torres García. A pesar de que el público y la crítica acogen su obra con incomprensión, Ponç decide continuar su trayectoria artística en su línea mágico-onírica.
En 1953 viaja a París y posteriormente a Brasil, donde permanecerá diez años. Su marcha a Brasil será, en gran medida, debida a la necesidad de alejarse de una modernidad que le perturba y a las diferencias que empiezan a aflorar en el seno del grupo Dau al Set.
Realiza exposiciones individuales en el Museo de Arte Moderno de São Paulo y crea L'Espai, una escuela dedicada a la investigación de las artes visuales.
En 1962 Ponç regresa a Barcelona, por problemas de salud.
En el `65 recibe el Gran Premio de Dibujo en la VIII Bienal de São Paulo por su serie Suite pájaros.
Desde '67 hasta '70 entra en una etapa metafísico-geométrica en la que el óleo y el dibujo construyen formas elementales que contrastan con su barroquismo interior y donde la sensación de vacío sigue siendo dominante.
En '83 se realizó una importante retrospectiva de su trabajo en Barcelona, y un año después murió en Saint Paul de Vence (Francia), lugar en el que llevaba viviendo desde hace un tiempo sus últimos momentos.








